¿Cuánto tiempo más? Optimismo versus pesimismo.

Carlos González-Caviedes, Montréal *

El estado chileno (incluidos sus tres poderes) además de la clase política —particularmente la llamada Concertación por la Democracia— han sido veleidosos y muy mañosos con nuestros derechos. Los veinte años de la Concertación en La Moneda casi todo lo que hizo en el campo de los derechos humanos fue a medias. Tartaleó y vaciló hasta caer en lo ridículo al no asumir cabalmente las graves faltas cometidas por agentes de la dictadura en contra de los miles de torturados y encarcelados políticos. Sólo baste recordar el deshonroso comportamiento que tuvo el gobierno de Frei Ruiz-Tagle y su ministro Insulza con la detención de Pinochet en Londres el 16 de octubre de 1998.

Si pusiéramos en la balanza de la justicia y del derecho las exiguas compensaciones que Chile ha pagado (confundiendo los términos de exonerado con perseguido político) a las víctimas de la dictadura y como resultado, entre otros, de las Comisiones Rettig y Valech, (justicia en la medida de lo posible según Aylwin) éstas apenas ascienden a un mínimo porcentaje de los beneficios y granjerías recibidos hasta ahora por antiguos torturadores y represores de la dictadura. Esta realidad escandalosa, vista desde afuera, cada día que pasa va enterrándose en una sima profunda que los chilenos en su gran mayoría ya no pueden ver ni reconocer. La historia y la memoria de las atrocidades cometidas por la dictadura es un asunto cada vez más lejano en el conocimiento que tiene, por ejemplo, la juventud chilena de 2011 acerca de estos hechos. Lo que nosotros hagamos se inscribe ciertamente en esta perspectiva, es decir en el combate contra el olvido, la preservación de la memoria y por nuestro derecho a la dignidad a ser debidamente compensados por los abusos y atropellos de los que fuimos víctimas. El Estado chileno, es decir la sociedad chilena, tiene el deber de hacerse cargo de esta deuda histórica. Si Argentina lo ha hecho ¿por qué Chile no lo puede hacer?

Ahora, si miramos el gasto global del Estado chileno en Defensa, por ejemplo, lo que éste tendría que pagar a los sobrevivientes de la crueldad pinochetista sería una bicoca. A título de ejemplo, el PIB chileno del año 2009 fue según www.trueknowledge.com de $163.800.000.000 de dólares, donde el presupuesto militar declarado fue del orden de los $3.900.000.000 de dólares, o sea casi el 3 % del PIB. Suponiendo que ganásemos finalmente nuestra causa en la Corte Interamerica de Derechos Humanos o en otra instancia internacional, el total a desembolsar por el Estado chileno sería algo así como 950 millones de dólares, es decir un cuarto del presupuesto militar por el año 2009 o el 0,6 % del PIB.

Vistas las cosas desde este ángulo ¿tiene o no sentido continuar con nuestro combate legal a fin de que el Estado chileno asuma su obligación de indemnizar como un derecho fundamental a las víctimas y sobrevivientes de la dictadura? Obviamente la respuesta está en la pregunta. Por esta razón pienso que casi siempre el optimista tiene una parte de la respuesta. Al revés, el pesimista es todo el tiempo una parte del problema. El optimista tiene siempre un proyecto. En cambio, el pesimista siempre tiene una excusa. Por esto nuestro proyecto es esencialmente optimista porque con la continuación de esta batalla legal obligaremos al Estado chileno a reconocer y pagar finalmente la deuda histórica que mantiene con nosotros. No tenemos derecho a claudicar. Sigamos pues siendo optimistas. Los de Montreal estamos convencidos que el trabajo legal de nuestro abogado Víctor Rosas dará al fin y al cabo sus frutos. Es sólo una cuestión de tiempo. Y como lo expresa Humberto Maturana, epistemólogo chileno, el cómo somos es siempre el presente de nuestra historia. O sea, somos nuestro pasado. En tanto sobrevivientes de la barbarie en Chile no podemos dimitir. Lo que está en juego es nuestra dignidad y nuestra historia, es decir lo que somos.

* Intervención y saludo del delegado de Montreal en el Octavo Encuentro Nacional e Internacional de Ex Prisioneros Políticos celebrado en Frutillar, Chile, los días 26 y 27 de Marzo de 2011

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